Echar la vista atrás para seguir hacia delante (2009-2019)

Se acerca el final del año, de la década… y siento que también el fin de una era. Soy mucho de echar la vista atrás y hacer repaso de lo vivido, pero más aún de lo aprendido. Puedo decir con total seguridad que estos 10 años me han dejado un buen repertorio de lecciones.

Echar la vista atrás para ver de dónde vienes

Ya cuando era una niña me daba la impresión de que iba a un ritmo diferente al de la gente que me rodeaba. Hoy en día sigo pensando lo mismo. Está claro que tanto mi edad cronológica como mi edad biológica son las que son, pero no puedo negar mi experiencia vital, que también es la que es.

Si me remito a los hechos, puedo ver con claridad que realmente voy a otro ritmo. Aún hoy es algo que me cuesta aceptar (ya sabemos lo que pasa con las comparaciones) pero, llegada a este punto, luchar contra ello es un gasto inútil de energía.

Desde siempre me ha llamado la atención que la gente dijese que los años se les pasaban muy rápido, o que a medida que te vas haciendo mayor parece que los años pasan a mayor velocidad.

La verdad es que a mí hasta el año pasado no me había ocurrido. Me di cuenta de que no se me ha pasado rápido porque tenga más o menos edad, sino porque lo que realmente cuenta es la vida que le das a los años. Ese es el quid de la cuestión.

Estas últimas semanas he dedicado bastante tiempo a pensar. Ya, muy raro en mí (ironía on). Me he puesto a repasar cuál ha sido el recorrido durante los 10 últimos años hasta llegar al momento actual. Después de dejarlo «reposar» un poco, he decidido compartir mis reflexiones por escrito, año por año.

Eso sí, voy a omitir bastantes hechos y personas, no porque su papel no haya sido relevante en mayor o menor medida, sino porque hay cosas que es mejor dejarlas descansar en paz. Amén.

2009: Empujón hacia el mundo real

El 2009 fue un año de luces y sombras. La primera mitad fue bastante bien en general. A nivel personal me sentía a gusto, rodeada de personas que me hacían sentir apreciada y haciendo cosas más allá de entrenar y estudiar. Por destacar dos eventos: vi nevar por primera vez y fui a un concierto de Beyoncé con mi hermana (brutal, por cierto).

Deportivamente tampoco me podía quejar: quedé 2ª en el Campeonato de España de pista cubierta con una marca más o menos decente. Al aire libre conseguí el oro, no sin cierta polémica incluida que consiguió amargarme la medalla. Al menos estaba aliviada porque había conseguido salvar la temporada… o eso pensaba yo.

¿Qué pasó al final? Que me revocaron las becas de residencia y de manutención sin previo aviso. Me vi teniendo que volver de un día para otro a Madrid en agosto a buscar una habitación en un piso compartido. Tenía exámenes de la universidad en septiembre, así que no tenía mucho margen de maniobra.

Hasta ese momento no había tenido que encargarme de tareas como cocinar o poner la lavadora. En la Residencia Blume nos lo hacían todo, desde la comida hasta limpiarnos la habitación para que pudiésemos centrarnos en entrenar (y estudiar), así que fue un cambio importante.

Al echar la vista atrás, me doy cuenta de lo positivo que fue el cambio para mí, ya que me ayudó a sentirme más adulta a mis 25 años. Hasta aquel momento había estado metida en una burbuja. En ella contaba con muchas comodidades, cierto es, pero también había varios aspectos que me estaban perjudicando tanto a nivel físico como emocional.

Aprendiendo de la soledad

Eso sí, lo que gané en adultez e independencia lo gané también en soledad. Durante 4 años me había acostumbrado a tener a alguien con quien pasar el rato, reír o llorar a dos pasos de distancia. En aquella nueva situación, esa opción había desaparecido. Esa soledad forzosa se me hizo más cuesta arriba de lo que hubiese podido prever.

A pesar de pasarlo mal, poco a poco me fui haciendo a la idea. Hice lo posible por estrechar lazos con mis compañeras de piso, aunque nuestros estilos de vida (o formas de ser) no eran muy compatibles. Por otro lado, traté de disfrutar de la tranquilidad que me ofrecía vivir lejos del mundillo atlético. Quien lo esté viviendo o lo haya vivido sabe de lo que hablo.

Alrededor de estas fechas, en diciembre, parecía que todo estaba mejorando. Iba recuperando mi vida social y descubriendo las nuevas posibilidades que me ofrecía el vivir en un piso, como no tener «toque de queda». Sentía que estaba en el comienzo de una nueva etapa que iba a ser muy emocionante… y vaya si lo fue.

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