Reflexiones

Elige tu propia aventura, edición especial «Es la vida real»

Si tu infancia transcurrió entre los años 80 y los 90 del siglo pasado, tal vez te acuerdes de la serie de libros «Elige tu propia aventura». O bueno, si siguen estando disponibles y tienes hijos, ¿quizás hayan llegado a sus manos? Claramente estoy muy puesta en el tema… En fin, prosigamos.

En estos libros juveniles la premisa es que, a medida que vas leyendo, tienes que elegir entre distintos caminos que irán modificando el desarrollo de la historia. Por ejemplo:

«Si quieres seguir a Wilfredo para ver a dónde va, ve a la página 12.
Si pasas de Wilfredo y prefieres ir a comprarte un dulce, ve a la página 19.»

En general, hay historias de todo tipo, algunas con finales exitosos y otras con finales trágicos, que suelen corresponderse con lo positivas o lo negativas que sean las decisiones que has ido tomando. Para darle el toque educativo y tal.

No sé qué me hizo recordar estos libros, pero sus similitudes con la vida real me hicieron pensar en la cantidad de «realidades alternativas que nunca fueron ni serán» que acumulamos a lo largo de nuestras vidas.

Nuestras decisiones le dan forma a nuestra historia

Al final la vida va precisamente de eso, de tomar decisiones que nos van llevando por distintos caminos, creando así nuestra aventura personalizada. Muchas de las decisiones a las que nos enfrentamos a diario las tomamos sin prestarles demasiada atención, y muy a menudo las tomamos por inercia (¡y menos mal!)

Entre todas esas situaciones banales, a veces nos encontramos en ciertas encrucijadas. En algunas de ellas solo tenemos que poner un poco más de intención en la decisión que tomemos. En otras, en cambio, somos plenamente conscientes de que la opción que elijamos va a ser determinante en el desarrollo de nuestra historia.

A diferencia de lo que es posible en los libros, en la vida no podemos hacer «trampas» y volver atrás para seguir un camino distinto. Tampoco podemos empezar el libro de nuevo, porque las páginas que dejamos atrás se van autodestruyendo. Solo podemos seguir avanzando, decisión tras decisión.

Segundas oportunidades y cambios de rumbo

En ocasiones es inevitable caer en la tentación de preguntarnos «¿qué hubiera pasado si…?» Lo cierto es que son tantas las decisiones que tienen que encadenarse para llegar a un resultado u otro, que nada de lo que imaginemos va a acercarse remotamente a lo que podría haber sido.

Sin embargo, puede ocurrir que en el transcurso de nuestra historia aparezcan de nuevo opciones que dejamos pasar tiempo atrás. En nuestra mano está elegirlas esta vez, o no. En cualquier caso, debemos tener en cuenta que, aunque puedan parecer las mismas, no lo son: aunque no podamos recuperar las páginas anteriores, las experiencias vividas no se pueden borrar.

Puede que haya periodos en los que parezca que estamos en un bucle. Ese bucle siempre estará formado por más de una decisión, por lo que en lugar de elegir siempre las mismas y acabar el mismo sitio, lo que tenemos que hacer es cambiar de opción en una de ellas, para así cambiar ligeramente o radicalmente de trayectoria.

Otra posibilidad es plantarnos y evitar tomar decisión alguna, pero entonces pasaría lo inevitable: nos quedaríamos en el sitio y no podríamos seguir avanzando en nuestra aventura.

Escribimos nuestra propia aventura sobre la marcha

En esta particular colección no hay dos libros iguales, porque no hay dos vidas iguales. Aunque dos personas se encuentren con las mismas opciones disponibles en un determinado momento, es muy probable que los caminos por los que les van a llevar sean completamente diferentes.

Yo no creo que el destino esté escrito, sino que nuestra historia se crea al mismo tiempo que la estamos escribiendo. En este sentido nuestro recorrido está mucho más abierto que en los libros de «Elige tu propia aventura», porque las opciones son (casi) ilimitadas.

Siempre he pensado que la mayoría de las personas tenemos mucho que decir en cómo se desarrollan nuestras vidas (por si no ha quedado claro con todos los rollos que voy soltando aquí y allá). Lo que me gusta de la analogía con estos libros es el punto de gamificación que le añaden al proceso.

La vida es algo serio pero, al mismo tiempo, no nos la podemos tomar tan en serio todo el tiempo. Para bien y para mal, en la aventura de la vida lo único que no podemos cambiar es el final.

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