Reflexiones

3 cosas que quiero dejar atrás en el 2023 (+ Bonus)

Se acaba otro año más aunque, sinceramente, esta ha sido la primera vez que realmente no sé a dónde ha ido. Decir que eso es algo que me asusta es quedarme bastante corta. Como no quiero que esto se vuelva a repetir, hay ciertas cosas que tengo que dejar atrás sí o sí.

En realidad tenía pensado pasar por el cambio de año de puntillas, en silencio. Al final, tras darle una vuelta, me di cuenta de que ese es precisamente el motivo por el que el 2022 ha pasado de largo sin pena ni gloria. Así que, siguiendo esa lógica, quizás hacer un poco más de ruido sea una buena estrategia para que el 2023 deje una (buena) impronta.

Problemas para ocupar espacio

A estas alturas de la película, no es ningún secreto que evito a toda costa llamar la atención. Que la mayor parte del tiempo hablo poco, tampoco. Pues resulta que ambas cosas me suponen un problema.

Evitar llamar la atención puede llegar a sonar como algo positivo, en plan «mírala qué discreta ella». Y sí, discreta soy un rato, pero cuando te pasas de rosca y no le haces saber al mundo que estás en él, ocupando espacio, te vuelves invisible.

Una cosa me quedó clara el año pasado: la línea entre ser (y sentirte) invisible y empezar a hacerte preguntas sobre el tema «dejar de existir» puede ser muy, muy fina. Esa línea, cuanto más lejos, mejor.

Puedes leer: Tu voz importa, aun cuando solo la escuches tú

Respecto a lo de hablar poco, es un problema por el efecto «olla a presión» que tiene en mí. Cuanto menos hablo (y con hablar me refiero a expresarme en general), todo lo que *no* digo se va acumulando hasta que llega un momento en el que estallo.

Si estallo por escrito no pasa nada, porque lo suelto todo y ahí queda, entre el papel o la pantalla y yo. Si después siento también la necesidad de compartirlo a través del blog, por ejemplo, lo que llega a él es solo un fragmento editado de la explosión original.

Ahora bien, como me dé por desahogarme hablando de hablar, pobre de quien le toque soportar el chaparrón. Aunque bueno, teniendo en cuenta que prestar atención es un valor en alza…

Qué quiero dejar atrás en 2023

Como me gusta ponerle solución a los problemas que la tienen, especialmente cuando esta depende de mí, estas son las tres cosas con las que no quiero seguir cargando a todas horas. En realidad todas son diferentes caras del mismo obstáculo, pero analizarlas por separado me sirve para ver mejor cómo se relacionan entre sí.

1. Las dudas (que no el miedo)

Sentir miedo cuando procede sentirlo está bien; es útil y puede ser una gran fuente de información. El miedo no siempre hay que superarlo antes de hacer algo, sino que muchas veces lo haces llevándote el miedo contigo. En algunos casos desaparecerá, y en otros se quedará haciéndote compañía hasta que te acostumbras y por momentos se te olvida que sigue ahí.

Dudar constantemente es agotador, sobre todo cuando esas dudas te llevan (o te mantienen) en la inacción. «¿Hago esto o lo otro?» «¿Qué pasaría si…?» «¿No será mejor esperar?» «Creo que todavía no estoy preparada…»

Chica, si ya estás mareada de dar vueltas sobre ti misma. Pensar demasiado poco nunca ha sido ni será un problema para ti. ¡Tira p’alante! (Que hablo sola tampoco es ningún secreto.)

2. La contención

Dejar atrás la contención, en mi caso, se traduce en dejar de censurarme. En cortarme menos, vamos. Aunque haya mejorado de manera razonable en los últimos tiempos, me queda un largo camino por andar.

Siempre me he/han puesto la etiqueta de tímida, vergonzosa, retraída, etc. Por mucho que esos adjetivos puedan describirme en ciertas circunstancias, lo cierto es que la mayor parte del tiempo (ya) no me identifico con ellos.

Muchas de las cosas con las que me contengo no son por vergüenza: son por falta de práctica y/o por vagancia. Cuanto menos hago algo, más me cuesta hacer ese algo. Cuando he conseguido crear inercia haciéndolo, entonces ya no me supone mayor problema.

Un ejemplo clarísimo es la comunicación interpersonal, el ámbito en el que más me torturo. Es increíble la cantidad de tiempo que me puedo tirar rumiando acerca de qué, cómo y cuándo hablarle o escribirle a alguien… eso suponiendo que llegue a hacerlo.

De nuevo, si la comunicación coge algo de inercia, entonces soy capaz de dejar de darle vueltas al tema y ser natural. Dentro de mis posibilidades, claro.

Otro ámbito en el que me urge dejar de contenerme es en el de mi presencia en Internet. Seguimos en un punto en el que la mayoría de la gente todavía no tiene que preocuparse por esto, porque no les hace falta para ganarse las habichuelas. Ha habido un cambio en este aspecto en los últimos años, sí, pero todavía queda tiempo para que sea la norma.

En mi caso ese momento ha llegado, porque (¡por fin!) he dado el paso para que sea así. Eso implica que ya no hay vagancia o falta de práctica que valga. Volviendo a lo que comentaba al principio sobre evitar llamar la atención: seguir siendo invisible ya no es una opción, porque ahora necesito que el mundo sepa que existo (y confieso que estoy súper ilusionada con el reto. Nerviosilla, pero ilusionada).

3. Los prejuicios y las impresiones «erróneas»

Este apartado se resume en lo siguiente: quiero dejar de dar cosas por hecho, acerca de mí y acerca de otras personas, y viceversa.

Estoy en constante cambio, como casi todo el mundo, por lo que algo que era cierto ayer tal vez ya no lo sea hoy. La clave está en ser consciente de cuáles son las circunstancias en el momento presente y actuar acorde a ellas.

Por otro lado, como no puedo meterme en la cabeza de otra persona para saber a ciencia cierta qué se le pasa por ella, no debo de dar cosas por hecho basándome en conjeturas. Ante la duda, existen tres opciones: pensar bien, pensar mal y preguntar.

También me encantaría conseguir que aquellas personas con las que interactúo, en lugar de chocarse una y otra vez con un muro, se encuentren con algo un poco menos duro y opaco (¿un panel japonés? ¿Una cortina? En fin…). No se puede decir que la impresión que doy de impasibilidad permanente sea errónea, porque forma parte de mí (y está muy estudiada).

Lo que sí se puede decir es que a mucha gente le tira p’atrás, y con toda la razón del mundo. Al final no deja de ser otra estrategia más para sumar capas de invisibilidad, que me «ayuda» a mantener a la gente a una distancia prudencial… y la verdad es que ya estoy cansada de eso.

Lo cierto es que llevo el corazón en la mano en todo lo que hago, y creo que estoy preparada para dejar de esforzarme tanto por disimularlo (énfasis en creo).

Bonus track para mi gente lectora

Si estás leyendo esto, gracias. A todas las personas que se han tomado el tiempo de leerme en algún momento, las que incluso se han animado a dejarme algún comentario y aquellas que me han enviado un mensaje o correo haciéndome saber que una determinada entrada les había llegado: gracias.

Empecé con el blog allá por octubre de 2014 y, aunque no he sido constante con él, sí que ha sido una constante en mi vida cuando he necesitado expresar algo más allá de mis diarios personales. Es un recurso que me ayuda a procesar ciertas cosas, y siempre es reconfortante saber que hay otras personas a las que también les resulta útil o interesante.

Para no extenderme más, que vaya explayamiento llevo hoy…: ha llegado la hora de un cambio. Estoy en proceso de hacerle un lavado de cara a mi página web, para convertirla en mi portal profesional.

El blog seguirá existiendo y las entradas publicadas hasta la fecha seguirán estando disponibles, pero no creo que las entradas que publique a partir de ahora vayan a tener tanta carga de reflexiones personales del tipo «yo, mi, me, conmigo».

Eso no significa que quiera dejar atrás este tipo de publicaciones. Significa que siento que hay otros medios en los que este tipo de contenido encaja mejor. Uno de ellos es mi lista de correo electrónico (newsletter, suscripción por email, como quiera llamarse).

El correo electrónico (email) me parece el mejor medio para compartir pensamientos de carácter más personal, sin necesidad de reducirlo a dos frases, como ocurre con las redes sociales. Estas tienen su punto también, pero cuando no sabes o no quieres sintetizar, son una agonía.

Si ya estás en la lista, mañana día 1 enviaré un correo ahondando un poco más en el tema y explicando qué puedes esperar a partir de ahora. Si todavía no estás en la lista y te gustaría apuntarte, puedes hacerlo en el siguiente enlace:

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Solo me queda desearte un Feliz Año Nuevo (incluso si estás leyendo esto en abril). Espero que el 2023 se porte bien contigo y con tu gente ;-)

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6 comentarios en «3 cosas que quiero dejar atrás en el 2023 (+ Bonus)»

  1. Me encantan tus reflexiones, porque me hace plantearme cosas y por lo menos yo; me siento identificada muchas veces. Y este año, he conseguido quitarme un poco esa armadura que pensaba que me protegía… y olé… no era así, realmente era todo lo contrario.
    FELIZ NUEVO AÑO… Y Feliz TODO Petra 😘

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    • Muchas gracias (de nuevo) por leerme y por hacerme saber que conectas con lo que escribo. Y que sepas que a través de tus vídeos se transmite esa liberación que dices que has tenido 😊 ¡Feliz Año Nuevo y un abrazo muy fuerte, Elena!

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  2. Yo también te deseo lo mejor para el 2023. Que todo lo que sueñes llegue y que poco a poco las cosas que no quieres, se vayan quedando atrás.
    Feliz año!

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  3. Lo que si que no puedes (ni debes) dejar atrás en 2023 es este espacio de reflexión que tanta falta nos hace a tus lectoras y que deseo se convierta, cada vez más, en un lugar de encuentro que vaya creciendo y ocupando su «lugar» en el mundo. Feliz año lleno de desafíos y oportunidades Petra! Ojalá podcast 2023???? Ahí lo dejo 🤗

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    • No, si al día siguiente ya reculé, porque no soy nadie sin mis reflexiones y divagaciones varias. Y gracias por apreciarlas, por cierto. 😉 La idea de ampliar canales de comunicación está ahí, solo falta encontrar los medios. A ver qué novedades trae este año recién estrenado… Un abrazo, Vero. 🤗

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