Envejecer es lo mejor que puede pasarte en la vida

Cuando escucho a una persona lamentarse porque es su cumpleaños, me enervo. Para mí está diciendo que tiene un problema con estar viva, como si fuese una especie de maldición. A la gente que piensa así le voy a contar un secreto: envejecer es el precio a pagar por mantenerte con vida. Será que peco de optimista, pero me parece un precio muy justo.

Claro que todos nos hemos quejado alguna vez, de manera consciente o inconsciente, sobre cómo nos afecta el paso del tiempo. El conflicto viene cuando esa preocupación se centra más en la apariencia externa del cuerpo que en su correcto funcionamiento. Hay demasiadas personas que se lamentan de que se refleje externamente que los años van pasando. Eso no es para nada casual, sino totalmente causal.

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La cantidad de anuncios publicitarios cuyo mensaje va en la línea de «quítate X años de encima», «que no se te note la edad que tienes»,  «desafía al paso del tiempo», «ponte un poco de esto», «quítate un mucho de lo otro», es excesiva. Qué curioso que todo eso se consiga dejándote unos buenos dineros en productos y servicios, ¿no?  

Parece que mientras no te cuelgue nada, tengas las canas bien tapaditas y la cara bien estirada, lo demás es secundario… solo que no lo es. ¿De qué te vale aparentar veinte años menos si tu cuerpo funciona como si tuviese veinte más? No sé yo si compensa, aunque acepto que haya gente que discrepe.

Nos machacan constantemente con la idea de que tenemos que aspirar a ser (o parecer) eternamente jóvenes. Ese objetivo, además de ser imposible de conseguir, solo les resulta realmente útil a quienes están detrás de ese mensaje. Les es útil porque es un dinero que se van embolsar seguro, ya que tienen el ciclo de la vida a su favor. Como negocio está muy bien pensado, las cosas como son.

Arruga aquí, cana allá, critícame, critícame

Si la única enemiga fuese la publicidad, quizá no sería tan difícil de vencer. El problema es que esos mensajes que presentan el cumplir años y la vejez como algo negativo han calado hondo en la población. Lo tenemos tan interiorizado que cada arruga, cada mancha y cada pelo blanco que descubrimos (o que se nos cae) los vemos como si nuestro propio cuerpo nos estuviese atacando. Es una percepción bastante triste, la verdad.

En caso de que te preocupe la imagen que perciben de ti los demás, está bastante claro que hagas lo que hagas es una batalla perdida. Por un lado «te conservas fatal», «los años te han pasado factura», «¿qué te ha pasado? Con lo guapa que eras…». Por otro lado «no aceptas la edad que tienes», «con tanta cosa que te has puesto ya no pareces tú», «qué artificial, te has destrozado la cara». 

En otros tiempos estas cosas se solían comentar en «petit comité»; criticar debe ser el primer deporte que se inventó. Ahora también, pero en nuestra era tecnológica lo que más se lleva es decírselo directamente a la persona en cuestión, especialmente a través de una pantalla. El acceso directo a ofrecer y recibir críticas y opiniones no solicitadas, hace que sea mucho más difícil escapar de ellas.

Entonces llegamos a la siguiente conclusión: tienes que arreglártelas para que no se note físicamente que cumples años. Al mismo tiempo, asegúrate de que no se note que estás haciendo algo para evitar que se vea que cumples años. Un poco enrevesado todo, ¿no? Lo dicho: es una batalla perdida desde antes de empezar.

Envejecer es más que cumplir años

Demonizar procesos humanos completamente normales y fomentar problemas de autoestima en la gente son prácticas que generan grandes beneficios económicos. Las personas inseguras y que sienten constantemente que les falta algo consumen mucho más que las personas sanas, felices y satisfechas.

Luchar contra el transcurso natural de la vida es un sinsentido. Es emplear las energías (y el dinero) en la persecución de un imposible, que además genera muchas emociones negativas. No somos inmortales, pero es que eso es precisamente lo que hace de la vida algo valioso.

Ni las arrugas son feas ni las canas son sucias; su presencia tampoco indica que seas una persona desaliñada o que «te estés dejando ir». Lo que indican, por encima de todo, es que has vivido y que sigues con vida. Ya solo por eso merecen cierto respeto. 

Para reducir las huellas visibles del paso de los años, empieza por prestar atención a lo que ocurre por dentro del cuerpo. La belleza más pura que hay es la que irradia una persona que es feliz, que goza de buena salud y que se siente realizada. Este tipo de belleza no se puede conseguir con máscaras y parches, sino que es necesariamente un reflejo de su interior. 

El orden de los factores sí altera el producto

En mi opinión, se ve mucho más «joven» una persona que se mueve con relativa soltura y que con su forma de actuar demuestra su amor y gratitud por estar viva, que alguien que se esfuerza en borrar de su piel las señales de que tiene una historia. El «look embalsamado» en vida no me transmite juventud, qué le voy a hacer.

¿Estoy diciendo que no hay que cuidarse? No. De hecho, estoy afirmando lo contrario. Cuidarse es imprescindible, pero empezando por lo importante. La dieta y el ejercicio físico son los agentes antiedad más potentes que hay. Las buenas relaciones interpersonales y sentirse útil también ocupan un papel muy importante a la hora de tener y mostrar vitalidad. Se trata de darle prioridad a la funcionalidad antes que a la estética.

Por supuesto la imagen también es importante, no pretendo ser hipócrita. Verse bien contribuye a aumentar la autoestima y autoconfianza, y eso nunca sobra. Lo que quiero transmitir es la importancia de darle prioridad al cuidado del cuerpo desde dentro. Por mucha chapa y pintura que le pongas, si la maquinaria no funciona correctamente, se va a reflejar en el exterior.

Que tus razones sean las correctas

No pretendo que el resto del mundo vea las cosas como yo. Cada persona es dueña de hacer con su cuerpo y con su cara lo que le parezca conveniente, pero me duele ver a tanta gente pasarlo mal como respuesta a presiones externas. En lugar de fomentar la aceptación de aquello que es normal y natural, se castiga. Las opciones son hacer lo posible por encajar en el molde o rebelarte y que te señalen con el dedo. 

Sea cual sea el camino que sigas, siempre habrá alguien a quien no le parezca bien. Por eso, a la hora de tomar decisiones no es recomendable guiarte por lo que creas que van a pensar los demás. A pesar de que el panorama actual no lo ponga fácil, es necesario luchar contra los estereotipos y tomar el control sobre lo que de verdad te va resultar útil a ti.

Envejecer es lo mejor que te puede pasar. Cuidarte para poder disfrutar de la vida el mayor tiempo posible, en lugar de dejar que esta te pase por encima, es la mejor inversión que puedes hacer. Ojalá así logres dejar de ver la edad como el enemigo y empieces a apreciarla como el regalo que es.

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Al fin y al cabo, esta no deja de ser mi opinión. Si has llegado hasta aquí, me encantaría saber cuál es la tuya. Si quieres, puedes dejarla en un comentario aquí debajo. ¡Gracias!

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4 comentarios en “Envejecer es lo mejor que puede pasarte en la vida”

  1. Todo cierto… y tal cual. La presión social etc, ese machaque constante de los miedos de comunicación termina por «saturar»… Pero veo también que cada vez más aparece un poquito de «concienciación» sobre cómo aprender a aceptarnos como somos, y no solo en lo físico o estético . Está claro que esa aceptación debe empezar primero por «dentro» y eso no es trabajo fácil. En el fondo creo que tiene que ver mucho con eso de sentirse útil, sentirse realizado/a y con ser feliz. Quizás haya que empezar por esto último ;)

    • Al final supongo que una cosa lleva a la otra… Es más fácil ser feliz y sentirse realizada si tenemos algo más allá de nuestra apariencia física en lo que ocupar el tiempo y la energía. Está claro que el físico es la carta de presentación pero, como ya sabemos, si no hay otras características con las que respaldarlo puede perder gran parte de su atractivo. Al final, no hace falta ni salir de casa para dar el primer paso ;-)

  2. Estoy totalmente de acuerdo, envejecer con naturalidad embellece más que envejecer artificialmente, hay que ser naturales, es la mejor receta, un beso prima.

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