4 sencillos pasos para establecer objetivos

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Atrás quedan las fiestas, las reuniones familiares, las vacaciones, los regalos, la locura inicial de las rebajas… Vale, confieso que este año no he experimentado nada de esa lista (ya, ya lo sé: voy demasiado por libre). Aún así, soy de las que ven el cambio de año como un mundo lleno de posibilidades. Una vez pasado el ecuador de enero, los ánimos parecen estar más serenos y no corremos el riesgo de «venirnos arriba» más de la cuenta. Este es, desde mi punto de vista, el mejor momento para plantearse los famosos objetivos de año nuevo. 

¿Por qué desaprovechar esa impresión que queda de poder empezar de nuevo? Eso sí, prefiero la palabra objetivos antes que propósitos, ya que esta última suena mucho a intención y poco a acción. Como nunca viene mal un poco de ayuda, quisiera compartir algunos de los pasos que tengo en cuenta a la hora de establecer mis objetivos. Quien algo quiere, algo le cuesta… Planificación como mínimo. 

El ejemplo que usaré será el de «leer más libros», que es uno de mis objetivos reales para el 2018 y que de momento estoy consiguiendo con éxito.

1. Ser consciente del motivo detrás del objetivo

Ponerse un objetivo así, porque sí, queda muy bonito pero es poco práctico. Si es algo que realmente queremos conseguir, seguro que hay una razón profunda para ello. Si no, cuando cometamos un error o cuando nos flaqueen las fuerzas, no tendremos de donde agarrarnos y muy posiblemente vayamos a la deriva. Si establecemos una conexión a nivel emocional con el objetivo, podremos apelar a ella si sentimos que todo lo demás nos abandona, aunque sea temporalmente.

«Me ha encantado leer desde antes incluso de aprender a hacerlo (mi querida madre hacía de narradora), pero desde hace un tiempo es algo que he ido dejando de lado. La lista de los libros que me gustaría leer no hace más que crecer, pero rara vez llego a hacer algo para conseguir ir tachando títulos. Además, toda esa información que me encantaría saber está tan a mano, que me da vergüenza seguir poniendo tantas excusas. Por si fuera poco, pierdo demasiado tiempo en Internet y en las redes sociales, y sé que así no le estoy haciendo ningún favor a mi cerebro. También admito que el hecho de que una persona lea dice mucho de ella, y quiero volver a ser esa persona.»

Esta sería una transcripción aproximada de mi reflexión interna. Cada persona debe encontrar y reconocer sus propias razones, aunque sean inconfesables para los demás. Es importante indagar en lo más profundo. Una vez identificadas, es importante ponerlas por escrito. Las mías quedarían como sigue:

«Quiero leer más libros porque me interesa muchísimo la información que me pueden proporcionar. También quiero perder menos el tiempo en las redes sociales, y la lectura es una de las mejores sustitutas. Así invierto el tiempo en aprender y además hago «trabajar» a mis neuronas. Por último, me gusta la gente que lee; quiero gustarme más a mí misma y sentirme orgullosa.»

2. Reducir el objetivo a su mínima expresión

El objetivo final puede imponer, incluso llegar a parecer inasequible, así que se trata de desmenuzarlo en pequeñas metas que percibamos como realizables y distribuirlas en el tiempo. Si al hacer las cuentas vemos que el objetivo reducido no es factible, deberemos recalcularlo hasta encontrar uno con el que nos podamos comprometer, sin poner en peligro el equilibrio en nuestra vida: salud, trabajo, relaciones… Por supuesto que hay que ser optimista, pero sin dejar de ser realista, porque si no ya tendremos pie y medio puestos en el camino del abandono, antes de haber dado siquiera el primer paso.

Veamos: si cuantifico mi objetivo y lo transformo en «quiero leer 10 libros en seis meses», ya tengo un tiempo determinado con el que empezar a hacer cábalas. Además de terminarlos, quiero adquirir el hábito de leer diariamente, por lo que me conviene distribuir esos libros en el tiempo, seis meses en este caso. Estimando que cada libro tenga una media de 300 páginas y asumiendo que realmente me comprometo a leer a diario, haría la siguiente operación:

6 x 30 días= 180 días (en 6 meses)
12 x 300 páginas = 3600 páginas (en 12 libros)
3600 páginas/180 días = 20 páginas/día

Es decir, para conseguir leer 10 libros en seis meses, lo que tengo que hacer es leer 20 páginas de un libro cada día. Si quiero concretar aún más, puedo proponerme leer 10 páginas durante el desayuno y otras 10 antes de acostarme. Ese es un objetivo muy específico, a la vez que factible.

3. Que sea medible

El progreso nos entra por el ojo. Es decir, necesitamos tener el objetivo bien visible, ya sea escrito a todo color en una pizarra o con un simple papel en la pared. Cuanto más capte nuestra atención a lo largo del día, mejor. Claro que hay aplicaciones del móvil que hacen la misma función, pero hay algo mucho más potente en aquello que se puede palpar. Cuantos más sentidos estén implicados en su percepción, más reales serán la conexión y el compromiso que sintamos con él.

Para un objetivo como el mío, fácilmente medible, con crear una cuadrícula en la que marcar día tras día si he conseguido leer el número de páginas/día necesario, ya puedo seguir el progreso. Eso sí, esa hoja estará colgada en el tablón que tengo en la pared, bien a la vista, para tener un recordatorio siempre presente de mi recién adquirido compromiso con la lectura.

Veo importante aclarar que el hecho de que algo sea mensurable puede convertirse en un arma de doble filo. Si bien es importante documentar el progreso, la línea que separa el mero control de la obsesión puede ser muy fina. Esto suele ser así en aquellos objetivos relacionados en mayor o menor medida con el cuerpo. Considero que en estos casos las mediciones deben ser mucho menos frecuentes. En los cambios físicos, del tipo que sean, el tiempo juega a favor y no en contra. Es decir, si no se les otorga el tiempo necesario simplemente no se dan. Paciencia.

4. Contar con la colaboración de otras personas

Hay cosas que es mejor no ir por ahí contándoselas a todo el mundo, especialmente si nos tocan «la fibra». Hay que buscar aliados/as que ofrezcan ánimo, comprensión y apoyo, aunque también necesitamos tener a alguien que nos ponga los puntos sobre las íes (con tacto, preferiblemente). Pueden ser varias personas, en función del papel que necesitemos que jueguen: animar, compartir esfuerzos, ponernos las pilas, etc.

Si mi objetivo es reengancharme a la lectura, sé que si se lo cuento a alguien para quien los libros son el anticristo, lo más probable es que no vaya a contagiarme de su entusiasmo. Por eso, para mis intereses no tiene sentido compartir mi objetivo con esa persona en cuestión.

Buscaré personas que:

  • Tengan un objetivo similar al mío. Puedo reclutar amigos/as que compartan también el gusto por la lectura para intercambiar experiencias, apuntarme a un club de lectores (especialmente si me decantase por la narrativa) y/o meterme en alguna comunidad, como un foro o grupo online, en la que haya personas apasionadas por la lectura. Estar en contacto con gente que está pasando por lo mismo que tú resulta muy útil.
  • Me exijan rendirles cuentas. Tener a alguien que te ayude a volver al camino si te pierdes o si te relajas más de la cuenta es más que recomendable. Su misión está clara: ofrecer apoyo si la cosa se complica, pero también meter presión para que no pierda el foco. Sería una especie de «Pepito Grillo».
  • Dominen aquello que pretendo conseguir. La mentoría de alguien experto/a en la materia siempre es una buena opción; cuando se trata de objetivos complejos, diría que es sencillamente imprescindible. Es el modo más seguro y eficaz de aumentar la probabilidad de éxito. En caso de que el objetivo no comporte ningún riesgo, la relación directa con una persona en el papel de mentor/a puede omitirse. Existen infinidad de recursos con información relevante, creados por esos expertos/as, accesibles para el público.

En mi caso, tengo una buena selección de libros, podcasts y blogs con buenos consejos para leer más y mejor. Insisto: «leer más libros» es un objetivo en el que no me juego nada. Mi integridad a todos lo niveles, mi salud y mi patrimonio están totalmente a salvo. Responsabilidad ante todo, por favor.

Objetivos para todos los gustos

Los puntos previos son aplicables a cualquier objetivo imaginable. Estos pasos a seguir son los imprescindibles para mí; si el objetivo en cuestión lo requiere, incluyo algún que otro paso más para reforzarlo. La clave está en llevar a cabo las adaptaciones necesarias en función de la naturaleza y la complejidad del mismo.

Te animo a que hagas este análisis con algún objetivo que quieras proponerte, y que compruebes si contribuye a que lo veas un poco más claro. Esté relacionado con adquirir hábitos de vida saludables, con establecer una rutina de ejercicio físico o con dedicarle más tiempo a tus aficiones, la planificación previa te ayudará a ganarle terreno a la incertidumbre.

Si tienes algún consejo sobre otros factores que te funcionan a la hora de plantearte objetivos, puedes compartirlo en un comentario. Compartir es vivir y la información es poder. ¡Gracias!

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2 comentarios en “4 sencillos pasos para establecer objetivos”

  1. Pues mira sobre lo de retomar el mundo de la lectura yo me encuentro en una situación similar….Aunque nunca le he dejado de lado es verdad que me gustaria aumentar la cantidad de libros al año que suelo leer, básicamente porque es algo que me encanta y porque me gusta saber un poco de todo…. Hasta hora yo creo que llegaba a 4 libros al año como mucho, y me pareceb pocos. Así que este año comenzó con el propósito de leer mucho más. Como me conozco y se que soy de “pretender hacer” muchas cosas en mi dia a dia y luego no tener el tiempo suficiente…. esta vez he optado por ponerme una meta más realista (y no ahogarme en un vaso de agua) … así que si por si te sirve a ti también ;) me he marcado el objetivo de leer al menos 1 libro al mes….Con lo cual a fin de año habría leído unos 12 que no está nada mal…. y como siempre que se coge rodaje con algo luego tienes ganas de más pues seguro que además ganaré agilidad en la lectura y así la siguiente meta será ir a por más ????

    • ¡Me alegro de también te apuntes al carro de «leer más»! Al ser un objetivo elegido más por placer que por obligación, el proceso es mucho menos exigente. Trataré de poner algún ejemplo en el que realmente se refleje cómo puede afectar una buena planificación a la hora de conseguir un objetivo más complejo. Stay tuned! Y ya me contarás qué tal va el «reto lector». ;-)

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