Gente tóxica: Relaciones con dudoso beneficio

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¿Has oído hablar de la expresión «gente tóxica»? Desde mi propia experiencia puedo afirmar y afirmo que es un concepto muy, muy real. Por una serie de cosas que he observado estos días atrás, he pensado mucho sobre la influencia que ejercen sobre nosotros las personas con las que nos relacionamos. 

Relacionarnos es necesario

La semana pasada fue rara. El inicio fue nefasto y eso ya marcó el tono para el resto de días. A pesar de haber compartido poca cosa por redes, sigo adelante con el reto del amor propio. En eso no he tenido mayor problema, la verdad, porque tiré de básicos y de repetición. Digo esto porque es precisamente el reto lo que me ha hecho darle vueltas a lo que comentaba al principio.

Resulta que, ermitaños aparte, nos relacionamos con personas. Algunas de esas relaciones son de obligado cumplimiento (que no te puedes librar, vamos), pero son las menos numerosas. La mayor parte de los vínculos que establecemos son elección nuestra.

Si entre las personas con las que tienes que tratar sí o sí hay alguna que no soportas, tendrás que encontrar el modo de sobrellevarlo lo mejor posible. Aquí no son esas de las que quiero hablar, sino de las otras: las que están en tu vida porque tú lo has decidido.

La falta de autoestima es (muy) peligrosa

Siento si lo que voy a decir resulta molesto, pero ahí va: no concibo que alguien pueda mantener en su vida a una persona que le hace sentir mal. Sentirse mal va desde «me da mal rollo» hasta ser víctima de agresiones verbales y/o físicas. No es que crea que la vida es de color de rosa; al contrario. Lo que no comprendo es cómo el instinto de supervivencia, especialmente en los casos más graves o longevos, tarda tanto en activarse. Sinceramente, es que me duele que haya tanta gente que se destruya así.

Sé que hay cada situación es distinta, y que hay personas que están totalmente anuladas. De verdad que lo sé, en serio, prometido. Desde mi punto de vista (basado en la experiencia), la falta de autoestima es la causa principal que lo propicia. Da igual si te la han ido minando progresivamente o si nunca la has tenido. La cuestión es que no está y, por lo tanto, tampoco está haciendo su trabajo. Insisto en lo que suelo decir: sé que no es fácil, pero que tampoco no tiene por qué serlo. Aún así, la realidad es esta: cómo permites que te traten es tu responsabilidad.

Tu bienestar es cosa tuya

¿Ejemplos? Los que quieras. Estas personas que parecen estar peleadas con el universo y están decididas a contagiarle el sentimiento a todo el que puedan. El dependiente de la tienda que ni siquiera levanta la mirada para atenderte. Esa conocida que solo sabe poner de vuelta y media a todo el barrio y parte del extranjero. Esas «amistades» que no aceptan quién o cómo eres y te hacen sentir culpable por ello. Tu pareja que, en lugar de ser un apoyo y comprenderte, te hace sentir un cero a la izquierda.

Quizá no puedas elegir quién entra en tu vida, pero sí que puedes elegir a quién dejas quedarse en ella. Si se trata de alguien querido para ti, intentas ponerle solución al problema. La comunicación es la clave, como siempre. Pero si el problema persiste y no hay interés aparente por arreglarlo, eres tú y solo tú quien debe salvaguardar tu bienestar. En muchos casos, hasta es tu salud la que está en juego.

Aléjate de la gente tóxica

Si en un establecimiento no te tratan adecuadamente, ve a otro. Si tus «amigos» no hacen más que machacarte debido a como eres, busca personas que te aprecien precisamente por ello. Deja de invertir tu tiempo en gente que sientas que absorbe tu energía y te deja sin ganas de nada. No compartas tu vida con aquellas personas que te hacen sentir que no es valiosa, jamás. Tu vida es tan valiosa que malgastarla con quienes no lo merecen es un sacrilegio.

¿Para qué quieres a ese tipo de personas cerca? Somos unos 7.500 millones de habitantes sobre la Tierra; entre tanta gente te aseguro que unas cuantas personas afines a ti habrá. Sin tener que abarcar a toda la población mundial, ya es difícil que no tengas opciones más cerca. Para empezar, si estás leyendo esto es porque tienes conexión a internet. El mundo a golpe de clic.

Recuerda que el tiempo no es lo que le da valor a una relación. Lo realmente importante es el esfuerzo invertido en mantener esa relación viva y sana. Si dicho esfuerzo es unilateral, el vínculo se rompe más pronto que tarde. ¿Y sabes qué? Que no es el fin del mundo. Puede que incluso sea la puerta hacia otros mundos más interesantes.

Quiérete y cuídate

Quererte va más allá de decirte «qué guapa soy, qué tipo tengo». Quererte no es solo sumar; a veces hay que sustraer, decir ‘no’ y poner límites. Debes tenerte el suficiente respeto como para eliminar aquello que ya no te sirve o te hace daño. Para curar una herida es necesario limpiarla, y para eso primero hay que sacarle toda la porquería. Si no lo haces, puedes ponerle una tirita y olvidarte, pero la infección se producirá igualmente. Cuanto más la ignores, mayor será el destrozo que puede causar, y más invasiva habrá de ser la solución.

Agua, jabón y desinfección. Si la herida es muy profunda, quizá necesites un par de puntos. Escocerá un poco (o mucho) al principio, pero eso es señal de que ya está en proceso de curación.

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