Intencionalidad

La mejor manera de hacer las cosas es la tuya

La mejor manera de hacer las cosas siempre va a ser la tuya… para ti. ¿Por qué? Pues porque tú eres tú y esa es la única manera en la que puedes hacerlas. Aquí, descubriendo la pólvora…

Esto no significa que la manera en la que hacen las cosas otras personas sea incorrecta. No va por ahí la cosa. Lo que quiere decir es que la combinación de factores y circunstancias que afectan a una persona (tú, en este caso) son exclusivas de ella.

Tus circunstancias seguramente irán cambiando a lo largo de tu vida, pero siempre será una combinación única e irrepetible, que te acompañará en cada una de las decisiones que tomes.

Por tanto, aunque en la teoría estés haciendo algo de manera similar a otra persona, tanto la acción en sí como el resultado serán distintos. Aunque quizá pueda sonar negativo (¿por qué parece que todo suena negativo hoy en día?), en realidad te abre todo un mundo de posibilidades.

Poder hacer las cosas a tu manera es una liberación. Eso sí, sin olvidar aquello de que la libertad viene con la responsabilidad bien encaramada.

«¡Es que yo puedo hacer lo que me dé la gana!» Claro que puedes (si es que realmente puedes), pero también tienes que apechugar con las consecuencias, que es la parte de la que mucha gente parece olvidarse.

Inspirarse = bien, copiar = mal

Como célebremente aconsejó Eleanor Roosevelt (sabia mujer), es recomendable aprender de los errores ajenos, ya que no vamos a vivir lo suficiente como para cometerlos todos. Y quien dice errores, también dice aciertos.

Hay tal cantidad de gente haciendo tal cantidad de cosas de maneras tan distintas día tras día y compartiéndolo abiertamente con el mundo que, sinceramente, quien no observa y aprende algo de ello es porque no le interesa.

Una de las cosas que he aprendido (vaaale, miento: que estoy aprendiendo) es que en este mundo todo tiene su público. Desde el tema más mainstream, como se dice ahora, hasta el tema más particular o grotesco incluso, todo tiene sus adeptos.

El ser humano es complejo en esencia, así que mucha ingenuidad hay que tener para pensar que un puñado de opciones va a satisfacer a todo el mundo. Somos iguales en que somos diferentes y eso es algo bello, por mucho que haya quien se empeñe en contar otra historia.

La gente ya tiene bastante con lo suyo

A menudo evitamos hacer las cosas por miedo a hacerlas «mal» o a equivocarnos. Aunque esto sea habitual, creo que muchas veces nos preocupa más el que a otras personas no les guste lo que hacemos, que no les parezca interesante o que, los astros no lo quieran, nos critiquen por ello.

Vale, nunca puedes saber con certeza dónde puede haber un hater esperando para atacar, pero lo cierto es que al ser humano medio le suele dar entre bastante y muy igual lo que hacen los demás. Aclaro, de nuevo, que esto tampoco es algo negativo.

Es normal desear que a la gente a la que apreciamos le vaya bien. Hay personas que incluso desean que a la humanidad en general le vaya bien. Más allá de eso, en el minuto a minuto de nuestro día a día, no estamos pendientes de lo que hacen los demás. Bastante tenemos con «lo nuestro».

(Y si, por el contrario, alguien está demasiado pendiente de lo que hacen los demás, suele ser porque: a) «lo suyo» le resulta insuficiente, así que lo complementa con lo de los demás, o b) «lo suyo» le resulta excesivo, así que descarga o se distrae con lo de los demás.)

De la manera que quieras, pero ¡haz las cosas!

Habrá a quien le interese lo que hagas y habrá a quien le dé exactamente igual. Habrá quien se alegre por ti, quien quiera ayudarte y quizá haya incluso quien que quiera hundirte. Hay gente por todos lados, con sus factores y sus circunstancias, como ya dijimos al principio.

Conclusión: no puedes controlar cómo van a reaccionar otras personas, pero sí puedes controlar si ese va a ser el motivo por el que decides no hacer las cosas.

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