Minimalismo: cuando menos es más

Al volver de las vacaciones (allá por Agosto), me sentí abrumada por el poco espacio que tenía en mi habitación. Realmente no tenía tantas cosas, principalmente porque no hay espacio físico para tenerlas, pero fuera por la razón que fuese, me agobié. Siempre se me olvida que ya está casi todo inventado, con nombre y apellidos, así que cuando encontré testimonios de personas que se encontraban o se habían encontrado con esa misma sensación de agobio que yo, me tranquilicé. Sí, para qué engañarnos, ver que hay más gente en el mundo que pasa por lo mismo que tú supone un alivio.

Así es como descubrí que hay gente que ha hecho del minimalismo su estilo de vida. Las historias suelen ser similares: personas que poseen MUCHAS cosas que comienzan a experimentar malestar, episodios de ansiedad y, en algunos casos, hasta depresión. Identifican el origen del problema en la dificultad para lidiar con tantas cosas (entendiendo por cosas tanto objetos físicos como asuntos de diversa índole), por lo que deciden reducir el número de éstas para ser capaces de gestionarlas mejor.

Hay diferentes maneras de afrontar esa reducción, y la elección es muy personal. Hay gente que lo hace de manera radical, deshaciéndose de gran parte de sus posesiones de golpe. Hay otras personas, la mayoría basándome en lo que he visto por internet, que deciden hacerlo de manera gradual, aunque sí es cierto que se suele empezar con una purga general como punto de partida del proceso. Porque al final el camino hacia el minimalismo es eso, un proceso, ya que la vida está en constante evolución y, con ella, la forma de verla y organizarla. Por mi parte, he ido gravitando progresivamente hacia este planteamiento de «menos es más», y puedo decir que se nota.

No se trata simplemente de poseer pocas cosas, el número es algo muy variable. De lo que realmente se trata es de que cada uno de los elementos que tengas o incorpores a tu vida te traiga felicidad y bienestar. Tampoco tiene necesariamente que ver con ser austero, ya que muchas veces el hecho de tener menos posesiones influye en el que su calidad sea mejor, cosa que suele implicar una mayor inversión. Tener dinero y practicar el minimalismo no son excluyentes, pero bien es cierto que la sociedad occidental promueve el consumismo, porque es lo que la retroalimenta. Si tienes dinero, es para gastarlo en cosas que demuestren que lo tienes, o al menos eso es lo que nos venden como comportamiento ideal.

El minimalismo es aplicable a todos los ámbitos de la vida. El objetivo principal es simplificar, reducir el número de elementos existentes en tu día a día para que resulte más fácil mantenerlo todo en orden, tanto externa como internamente. Al principio puede ser duro, pero a medida que se va avanzando en el camino resulta más sencillo, ya que los resultados se sienten casi de inmediato: dispones de más tiempo para invertirlo en personas y experiencias que realmente te llenan, y eso tiene más valor que cualquier otra cosa.

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