Me rapé el pelo para cortar por lo sano con las excusas

El martes pasado me rapé el pelo. Vaya por delante que no fue por impulso, ni fue una consecuencia derivada del confinamiento. Tampoco me trabé, ni entré en crisis, ni “se me fue” nada. Tenía muchos motivos para hacerlo y lo hice, sin más.

Lo tenía tan pensado y tan meditado que ni siquiera me emocioné, ¡con lo que yo soy! Ese día además tenía muchas papeletas para estar más frágil emocionalmente de lo habitual, y ni aún así. Lo único que sentí durante el proceso fue un gran alivio. Por fin me estaba quitando ese gran peso de encima, tanto literalmente como en sentido figurado.

Promesas incumplidas

Hace unos 5 años me prometí que al cumplir los 35 me raparía la cabeza. Era algo que siempre había querido hacer (sobre todo por desesperación con mi pelo) y me fascinaba ver a otras mujeres con el pelo rapado. Eso sí, hasta que me puse fecha nunca me había planteado hacerlo de verdad.

En 5 años pueden pasar muchas cosas… aunque a veces parece que no pasan las suficientes. Supongo que en el fondo confiaba en que al tener un margen de unos años, para cuando llegara el día ya tendría la vida algo más estructurada.

El plazo se cumplía en octubre del año pasado, aunque un par de meses antes ya sospechaba que no iba a ser capaz de hacerlo. En su día me lo había imaginado como un acto de celebración, no como un castigo.

Por eso, como llegado el día no tenía los ánimos demasiado festivos, simplemente lo dejé pasar. Me sentí mal por faltar a mi palabra, pero también me sentí orgullosa por hacer lo que en aquel momento era mejor para mí.

Cansada de excusas

¿Por qué ahora sí? Pues siguiendo los mismos criterios no es que tenga mucho más que celebrar. Lo que está claro es que el hecho de que el mundo lleve un tiempo más patas arriba de lo normal me ha ayudado a poner las cosas en perspectiva.

Llevo años poniendo excusas para todo. Para hablar, para escribir, para actuar. Para vivir, en definitiva. Estoy cansada de escucharme repetir siempre las mismas palabras y frases, que ya llevan tiempo oliendo a rancio. Hasta ahora no me han llevado a nada más que a la decepción. 

Quizá pueda parecer que el pelo no tiene mucho que ver con esto de las excusas. En mi caso sí que está íntimamente relacionado. La razón más evidente: me había hecho una promesa que no había sido capaz de cumplir. ¿Mi excusa? El miedo.

Miedo a verme mal.
A sentirme mal.
A sentirme igual.
A que otras personas me viesen mal.
A que otras personas se pensasen que me pasaba algo.
A que otras personas asumiesen cosas sobre mí.
A perder mi feminidad.
A no gustar.
A llamar la atención.
A volverme invisible.

Girando el foco hacia donde corresponde

Desde octubre no solo han pasado muchos meses, sino también varios acontecimientos que han pillado al mundo entero con los pantalones bajados. Como supongo que le ha pasado a mucha gente, este tiempo me ha servido para replantearme ciertas cosas acerca de mi vida.

Esos miedos que cité antes no se han desvanecido del todo, pero han cedido su lugar a otros que me urge más afrontar. Necesito apartar el foco de mí para poder centrarme en aportar al mundo algo más que mi presencia. No es algo que tenga la obligación de hacer, ni yo ni nadie: es que ya me queman las ganas de hacerlo.

Por eso decidí cumplir mi promesa y raparme, aprovechando que técnicamente sigo dentro del plazo. También creo haber conseguido que algunas de mis excusas se enredasen en mis rizos y se fuesen junto con ellos. Ahora se me ven más las canas, pero espero que también se me vean más las ideas.

Quiero terminar dejando la traducción libre de una cita de Stephen R. Covey, autor del famoso libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva:

“Nos juzgamos a nosotros mismos por nuestras intenciones y a otras personas las juzgamos por sus actos.”

Para reflexionar.

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2 comentarios en “Me rapé el pelo para cortar por lo sano con las excusas”

  1. Admiro tu fuerza y tus ganas. Espero que encuentres aquello que buscas o necesites o que sencillamente, lo crees, porque tú eres capaz 🌸

    Responder
    • Se me había escapado el comentario, ¡sorry! Al final esto no deja de ser una «lucha» continua por seguir adelante y por hacer las cosas mejor. Hay momentos y momentos, pero como dijo Hawking: «mientras haya vida hay esperanza». Muchas gracias María ;)

      Responder

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