Sorteando obstáculos

Hace 3 semanas empecé a trabajar en un «sitio» nuevo,  al norte de Madrid (yo vivo en el centro). Mi horario es de 14:30 a 22:00 de lunes a viernes, además de sábados Hace 3 semanas empecé a trabajar en un «sitio» nuevo,  al norte de Madrid (yo vivo en el centro). Mi horario es de 14:30 a 22:00 de lunes a viernes, además de sábados alternos. Ese horario me permite entrenar por las mañanas, así que hasta ahí todo perfecto. Pero como bien es sabido, la perfección no existe, así que me he ido encontrando con algunos obstáculos que he intentado sortear de la mejor manera posible.

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1. El transporte. Me muevo en transporte público, que en Madrid es muy completo en lo que a opciones se refiere y bastante preciso en general, pero esto no evita que pase en él un mínimo de 2 horas y media al día, contando con que me cuadre todo al minuto; en caso contrario puede llegar a superar las 3 horas fácil.

Están repartidas así:
a) Ir a entrenar: 20-30′ = Metro + andar + guagua urbana.
b) Ir a trabajar: 1h 15′ = guagua urbana + Metro + guagua interurbana.
c) Vuelta a casa: 1h-1h 30′ = andarcasicorrer cuesta infernal + tren Cercanías + Metro (+ andar).

a) y b) las he conseguido controlar bastante bien, mientras que c) es una aventura… Una aventura agotadora, porque es una carrera a contrarreloj, ya que entre llegar a casa a las 23:00 y llegar a las 23:30 hay una graaan diferencia. Por eso, me he mentalizado de que la vuelta a casa es un entrenamiento aeróbico lastrado (llevo unos 4-5 kg encima), con cuestas, cambios de ritmo y algún que otro sprint. Siempre viene bien sumar entrenos.

2. La gestión del tiempo. La primera semana y media me resultó muy difícil organizarme, falté a entrenar varios días y llegaba tarde a casa por las noches, sumándole a todo el cansancio acumulado por mi nuevo ritmo de vida frenético. Finalmente, tomé la decisión de dormir 6 horas en vez de 7, es decir, levantarme a las 07:00 en lugar de a las 08:00. Ya sabía que este cambio iba a dar resultado, puesto que llevo midiendo mi tiempo de sueño en múltiplos de 90′ desde hace más de 10 años (hablaré de esto en otra entrada). Así, pasé a levantarme con una hora aprovechable más al día, más descansada y lúcida y, por consiguiente, con más energía. Lo que me lleva al tercer punto…

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3. La adaptación del cuerpo. A priori, el trabajo no es físicamente extenuante y la odisea del transporte público es similar a la que llevan a cabo miles de personas cada día, sin que tenga mayores consecuencias. El problema aparece cuando, aparte de desplazarte hacia/desde el trabajo y cumplir en éste, necesitas que tu cuerpo esté descansado o al menos en unas condidiciones mínimamente aceptables para afrontar un entrenamiento exigente. En este apartado es donde más dificultades estoy encontrando, porque el tiempo del que dispongo tanto para entrenar como para descansar está limitado. El entrenamiento invisible, que es todo aquello que hacemos fuera de las horas dedicadas activamente al deporte con el objetivo de mantener o mejorar nuestro rendimiento (véase: descanso, nutrición, fisioterapia, higiene postural, etc.), en mi caso, más que invisible es inexistente. A pesar de ello, estoy continuamente buscando mejorar en lo posible en este aspecto; ante un problema, se busca una solución, no hay más.

Como ejemplo, comparto una anécdota que ocurrió ayer mismo. Como comenté un poco más arriba, voy cargada todos los días con unos 4 ó 5 kg, entre el bolso que parece el de Mary Poppins y la funda del portátil (lo necesito para trabajar). Últimamente iba notando como cada día tenía la espalda y los hombros más y más contracturados, además de la muñeca derecha muy dolorida por intentar descargar un poco con la mano el peso del hombro del ordenador. Como las molestias me estaban empezando a pasar factura en los entrenos, decidí ponerle remedio y comprarme una funda-mochila para el portátil. Dicho y hecho, ayer por la mañana la compré, fui a entrenar y al llegar a casa y encender el ordenador, no se enciende la pantalla. Pensé que había decidido vacilarme, porque todos sabemos que de vez en cuando se ponen juguetones, con pantallazos azules y demás. Pero no, no se encendió. Unas cuantas lloreras más tarde, me recompuse y aproveché la tarde para desconectar de los aparatos electrónicos. No me vino nada mal. Ante un problema, se busca una solución, así que ya encontraré la adecuada para este…

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 – P

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