2016, te propongo un trato

¡Hola 2016!

Parece ser que dentro de pocas horas se va a producir nuestro primer encuentro. Tengo que decir que, a pesar de no conocernos aún, he oído hablar mucho sobre ti. Sobre todo durante estos últimos días, ya que la gente no hace otra cosa que nombrarte; se ve te has vendido bien y está todo el mundo expectante con tu llegada. Yo también lo estoy, no te voy a engañar, aunque tampoco voy a negar que tengo mis reservas. No es por ti, tranquilo, me pasa siempre que conozco a alguien nuevo…

Me temo que hay bastantes personas que creen que vienes con la solución a muchos problemas bajo el brazo y con una gran mochila cargada de felicidad para repartir como si de caramelos se tratara pero, al menos yo, soy consciente de que no será así. Por favor, no te ofendas, no te estoy echando nada en cara, ¡si ni siquiera te conozco! Muy al contrario, lo que pretendo es quitarte ese peso de encima de antemano, porque si algo me han enseñado tus antecesores es que eso no es responsabilidad suya.

Ustedes, los años, existen para proporcionarnos algo que considero nunca sabremos valorar lo suficiente: tiempo. Un tiempo que, afortunadamente, han sabido fragmentar en pedacitos más manejables para que nos resulte más sencillo hacer uso de ellos. El problema es que a veces, de tan pequeños que son, acabamos dejando que se nos escapen de entre los dedos y los perdemos sin aprovecharlos como es debido.

Perdona, siempre me enrollo. Como iba diciendo: que tenga mis reservas no quiere decir que no crea que nos vayamos a llevar bien, ni mucho menos. Creo que, poniendo cada uno de nuestra parte, podemos hacer grandes cosas juntos. Por eso, 2016, te propongo un trato. Te ofrezco:

  • Mi confianza incondicional y mi paciencia. Las tendrás al 100%, hasta que nuestros caminos se separen.
  • Mi motivación. Me encargaré de alimentarla. Habrá altibajos, siempre los hay, pero me comprometo a seguir adelante aunque las cosas se compliquen.
  • Mis ganas. Ganas de aprender, de experimentar, de sentir. De vivir.
  • Mi curiosidad. Trataré de buscar más allá de lo obvio. Haré y me haré preguntas, muchas preguntas.
  • Mi resignación. Te la ofreceré si se muestra como la única salida posible. En ese caso seré resiliente. Pero antes de llegar a ese punto pelearé, eso que quede claro.
  • Mi valor. Dejo esto para lo último porque es lo que más temo darte. Y, al mismo tiempo, es lo que más necesito ofrecerte. Ha llegado el momento de conocer dónde están mis límites… O quizá de darme cuenta de que no existen. Por mí y por los demás, propios y extraños. Por eso, con tu ayuda, quiero ponerme en situaciones que me obliguen a dar lo máximo de mí. Situaciones a ratos incómodas, que me hagan arrepentirme por momentos de haber adquirido este compromiso, pero que sé que me van a dar el empujón que me hace falta para avanzar.

Como puedes ver, te ofrezco todo lo que tengo, lo que soy y lo que puedo ser. Lo pongo a tu disposición y te doy la opción de ocupar un puesto en el podio de los años más importantes de mi vida. ¡Te doy la oportunidad de hacer historia! Y a cambio, solo te pido una cosa, lo único que necesito y que está en tus manos darme: tiempo.

Hasta pronto,

P.

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