Tu Actitud Te Define… y Te Delata

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Por lo general intento tener una actitud lo más positiva posible, ver el lado bueno de las cosas y pensar que poniendo todos y todas de nuestra parte podemos hacer del mundo un lugar mejor. Habrá gente que comparta mi forma de ver la vida y gente que piense que soy una ingenua. ¡Qué suerte que el cristal a través del cual decido ver el mundo sea mi elección!

Lo que ocurre es que no concibo ir por la vida pensando que es todo es una estafa. Pensando que la gente es mala por naturaleza y que la mayoría de las veces va a hacer daño. Que los valores se están perdiendo de forma irremediable. Que nos estamos cargando el planeta y, por mucho que intentemos evitarlo, no hay nada que hacer. Lo siento, pero me niego.

Cada persona es libre de elegir la actitud que quiere tener ante la vida. Si hay algún obstáculo que te dificulta o te impide esa elección, también tienes la opción de intentar ponerle remedio, dentro de tus posibilidades. Si afirmas que nos vamos a pique y que no puedes hacer nada para cambiar el mundo, también es válido. Eso sí, al menos prueba a evitar contribuir a empeorarlo, ya sea con tus palabras o con tus acciones. ¡Gracias de antemano!

Tu actitud habla por ti

Cuando veo a las típicas personas que parece que viven para sembrar negatividad a su paso, me irrito. No es fácil irritarme, pero esa es una de las cosas que lo consigue. Si tienes problemas, ya sean contigo mismo/a o con algo o alguien que no eres tú, lo suyo sería que trataras de ponerles solución. Buscar que el resto de personas también tenga problemas o que simplemente se sientan mal es un gasto de energía de lo más absurdo, sobre todo para ti. ¿O es que te ayuda en algo? Si es así te ruego que me abras los ojos, porque estoy aquí para aprender.

Además, es que canta mucho. Cualquiera que se pare a reflexionar dos segundos se da cuenta de que una persona que actúa así lo que está haciendo es gritar a los cuatro vientos lo infeliz que es. Como hay gente para todo, tal vez a ti guste ser infeliz y quieres que todos/as lo sepan… a saber. Yo voto por que estás tan acostumbrado/a a tu papel de «persona enfadada con el mundo» que no te atreves a cambiar de registro  e interpretar otro.

Te lo digo porque yo he estado ahí, así que sé de lo que hablo. También sé lo difícil que puede ser admitir que en realidad no quieres ser así. Seguir en tu línea habitual de «me da igual lo que me digan, me la pela todo» es la opción más cómoda porque es la que ya te sale por defecto. Es lo fácil.

Cómo te sientes y haces sentir

Claro que el lugar donde naces, el estado de salud que posees, las oportunidades y las casualidades, etc., te proporcionan unas opciones u otras. Pero, al final, lo que marca la diferencia más importante es tu actitud, y la actitud es algo que solamente depende de ti. Hay gente cuyas circunstancias externas son nefastas, pero aún así siguen afrontándolo todo con una actitud envidiable. Lo que quiero decir es que sentirte desgraciado/a no es justificación para ser desagradable con los demás.

Da igual la belleza que tengas, el talento que muestres o los bienes que poseas. Lo que importa de verdad es cómo te sientes y cómo haces sentir a la gente. Lo último es muy a menudo reflejo de lo primero. Si sueles hacer sentir mal a los demás, voluntaria o involuntariamente, quizá sea hora de echar un vistazo hacia tu interior y buscar si hay algo que está desencajado o roto. Una vez lo encuentres, mira a ver si puedes arreglarlo, a ver qué pasa.

Puedes hacer lo que quieras, faltaría más… pero con tu vida. El momento en el que lo que haces o dices afecta a algo externo a ti, esté ese «algo» vivo o sea inerte, es cuando aparecen los límites. No todo vale. Por último, aunque ya lo sepas, te recuerdo que hacer sentir mal a los demás no te va a hacer sentir mejor ni va a solucionar tus problemas. Si crees que el mundo está en tu contra, párate a pensar qué actitud tienes tú frente a él. Tal vez así empieces a encontrar respuestas. Elijas lo que elijas, ¡ánimo y suerte!

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