Cambiar de Opinión Como Medio Para Protegerte

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Hace un tiempo no muy lejano, me prometí que mi bienestar iba a ser siempre una prioridad para mí. Una de las cosas más simples incluidas ahí es cambiar de opinión en ciertas ocasiones. A pesar de que suene egoísta, es más una cuestión de supervivencia. Cuando yo me encuentro bien es cuando consigo funcionar, y funcionar también implica serle de utilidad a otras personas. Cuando no me encuentro bien, simplemente no estoy. Ni para mí, ni para nadie. Es por eso que trato de hacer lo que esté a mi alcance para sentirme lo mejor posible. Por supuesto, intentando causar el menor daño posible a mi alrededor… siempre que sea evitable.

La incertidumbre: la única constante en la vida

Todo el mundo hace planes sobre cómo quiere que sea su futuro, ya sea a corto, medio o largo plazo. ¿Quién no ha soñado con lo que iba a ser de mayor? Y, al hilo de esa misma pregunta, ¿cuántas no hemos cambiado de respuesta veinte veces? Tener sueños y objetivos en la vida no solo es algo común, sino también altamente recomendable. Nos ayudan a que nuestras acciones tengan un propósito, una dirección.

Además de trazar un plan, es importante ser consciente de que tal vez tengas que modificar la ruta marcada en un principio… y que no pasa absolutamente nada por ello. No hay que olvidar es que la única constante que hay en la vida es la incertidumbre. Cuanto más tiempo pasa, más comprobamos que «la vida da muchas vueltas». Para mí, no saber con certeza qué va a pasar es precisamente lo que la hace interesante. Me hace pensar que las posibilidades son infinitas y que puedo jugar un papel en que se lleguen a dar unas u otras.

Cambiar de opinión es humano

Controlar todo lo que te ocurre es imposible. Hay cosas en las que puedes influir por medio de tus decisiones, pero la incertidumbre existirá mientras que el mundo siga siendo mundo. Si protegerte pasa por cambiar de opinión respecto a algo, considera hacerlo. Si la persona o personas a las que afecta ese cambio (en caso de haberlas) te aprecian, lo entenderán porque también querrán tu bienestar. Si se trata de personas con las que no tienes un vínculo afectivo de ningún tipo, puede que no lo entiendan… pero es que tampoco tienen por qué.

me voy de aqui

Un ejemplo simplón, pero que seguramente hayas vivido, desde un lado o desde ambos. Has quedado para salir a tomar algo con una amiga o un grupo de gente. Llegado cierto punto de la noche, quieres irte a casa. Sí, saliste toda motivada a darlo todo pero te ha dado el bajón y ya no te apetece. ¿Qué haces: te quedas o te vas? Puedes pensar «aunque no tenga ganas, me quedo por no hacer el feo»*, o «me voy, aunque no le/s haga gracia». En mi opinión, bastante malestar y/o sufrimiento ocurre sin buscarlo como para crear más del necesario.

*(Esta opción conlleva el riesgo de acabar haciendo una «bomba de humo». Usar a discreción.)

La peor traición es a una misma

Lo sé: sienta fatal que otra persona cambie de opinión. Cuando lo hace, lo más normal es que reciba calificativos del tipo «mentirosa», «traidora» (o «traicionera», que queda más moderno) o egoísta; se le dice que «no tiene palabra» o que «no se puede confiar en ella». Lo cierto es que, aunque esos adjetivos sean aplicables desde el punto de vista de quien los emplea, quien los recibe puede no sentirlo así.

Si cambias de opinión sobre algo pero no llegas a ejecutar el cambio, es decir, mantienes lo que ibas a hacer en un principio, a quien estás traicionando es a ti misma. La razón que suele haber detrás es evitar que otra persona te lo eche en cara, así que optas por callarte y agachar la cabeza. Por experiencia, puedo afirmar que esa clase de traición es de las que se agarra a las paredes de tu conciencia durante años, porque perdonarse a una misma es de los procesos más duros que existen.

Con esto no estoy diciendo que lo suyo sea ir por la vida sin tener en cuenta cómo pueden afectar tus cambios a los demás. Hay circunstancias en las que sacrificarse en favor del prójimo es lo que toca, voluntariamente o por obligación, y esas nadie las discute. Los casos dramáticos muchas veces requieren soluciones igual de dramáticas, y está bien. Que no siempre llueve a gusto de todos es una realidad, así que a veces la resignación es el camino a seguir. Todo depende de las circunstancias.

Tenerte estima es tu responsabilidad

Partiendo de la premisa de que la mayor parte de la gente no va por ahí haciendo daño a los demás porque sí, es tu responsabilidad tenerte estima. Querer complacer a todo el mundo es admirable, pero tirar piedras sobre tu propio tejado acaba siendo contraproducente. Si lo que te servía ayer (o hace 5 minutos) actualmente ya no te sirve, tus dos mejores opciones son arreglarlo o cambiarlo. Elijas lo que elijas, vas a tener que asumir las consecuencias. Puede que no sean agradables, pero es que no siempre tienen por qué serlo. En cualquier caso, la elección es tuya. Y, si me lo permites, un último consejo: no seas tan dura contigo misma; es tu trabajo protegerte.

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