¿Dejarlo todo por amor es una locura?

Se plantean dos cuestiones. ¿Qué es el amor? El amor es lo que mueve el mundo, básicamente. Hay muchos tipos de amor, diferenciados especialmente por quién lo siente y hacia quién/qué lo siente. En este caso hablo del llamado «amor romántico», ese que te hace sentir otra persona y hacia quien lo diriges, y que es recíproco. Esa clase de amor tan especial que te puede hacer cometer «locuras», vamos.

¿Y qué es «todo»? Segunda cuestión. No hay dos vidas iguales, por tanto, «todo» será diferente en cada caso particular. En general, se refiere a «aquello que te da sensación de seguridad y de pertenencia». Pueden ser personas, relaciones, bienes, espacios, culturas, rutinas… Es lo conocido, lo familiar.

Encontrar el amor ya es una locura en sí

Hace algún tiempo me di cuenta de que no tenía ni idea de qué cualidades debía tener una persona para que encajar conmigo. Me limitaba a intentar adaptarme a (casi) cualquiera que mostrase interés. Eso se interpreta como que me quería bastante poco; lo suficientemente poco como para creer que no tenía derecho a elegir.

Afortunadamente aprendí y vi la luz, pero eso tiene sus consecuencias: las opciones se ven bastante reducidas. Aunque pueda parecer algo negativo, es más bien una ventaja. Es recuperar el poder de decidir quién dejo que entre en mi vida y quién se queda. Es como ponerle ya de entrada un filtro a aquellas personas que no me van a hacer bien.

También es cierto que ya tengo tan claro lo que quiero (y sobre todo lo que no quiero ni regalado), que sé que en el momento en el que me encuentre con ello, si es que ocurre, voy a ser capaz de darme cuenta de inmediato. Esa es otra de las grandes ventajas de dedicar tiempo a conocerte: tienes una visión tan nítida de lo que buscas que necesitas mucho menos tiempo para reconocerlo cuando lo ves o lo sientes.

Soy muy independiente, pero sé percibir cuándo alguien me hace bien. Ya solté el rollo en esta entrada de principios de año. Es decir, que si encuentro a alguien a quien le gusta como soy, que me respeta, que me anima a seguir creciendo como persona y que disfruta de mi compañía, y además existe reciprocidad en todo ello, ¿por qué iba a renunciar a tener todo eso así como si nada? Sin oponer resistencia no, desde luego.

Aspiro a vivir la mejor vida que me sea posible, en todos los ámbitos, y es raro que eso venga sin correr ciertos riesgos.

La vida es arriesgada por naturaleza

Quizá soy demasiado idealista para el gusto de algunos. Para mí la vida no es algo preestablecido que no puedes cambiar, ni considero que ir «a lo seguro» sea siempre el camino a seguir. Como mínimo, siempre hay opciones en lo que respecta a la actitud. Si te la juegas, puede salirte bien o no, pero al menos lo has intentado. Si prefieres no arriesgarte y quedarte con lo que tienes, también es una opción perfectamente válida. El discurso habitual: cada uno que haga lo que quiera, sin olvidarse de que los demás también pueden hacer lo que quieran.

No se trata de dejarlo todo sin pensar. Se trata de ponderar qué es lo que pesa más y prever de qué es más probable que te arrepientas más en el futuro: si de ir a por ello, aun a riesgo de que no salga bien, o de no intentarlo siquiera y quedarte con la duda.

En la vida no hay garantías de nada, y la seguridad nunca va a dejar de ser una percepción subjetiva de la realidad. Lo único seguro en la vida es que todos vamos a morir tarde o temprano. Ya sé que no es políticamente correcto decirlo, pero es importante tenerlo claro para poner las cosas en perspectiva.

Yo lo veo así: por el camino ciertas oportunidades se me van a presentar, mientras que otras las voy a crear yo deliberadamente. Yo decido si acepto las que se me presentan, en base a mis intereses y/u obligaciones, olvidar que aquellas oportunidades que no dependen de mí y escapan a mi control pueden no volver a presentarse nunca más. Dónde estoy y qué hago son aspectos de mi vida en los que tengo capacidad de influir, ya que puedo alterarlos en función de las decisiones que tome.

Por otro lado, sé que también decido con qué personas me relaciono, pero sin olvidar que si puedo hacerlo es porque ellas también han decidido relacionarse conmigo. Si una de las dos partes pone punto y final a ese vínculo, la otra poco puede hacer para evitarlo. Al igual que «dos no se pelean si uno no quiere», lo mismo ocurre al revés.

Si puedes o no puedes solo lo sabes (y lo decides) tú

Otra cosa importante: el concepto de las «medias naranjas» y la idea de encontrar a una persona que te complete me da urticaria. Suplementar y complementar son palabras que se parecen, pero no significan lo mismo. Una cosa es buscar a alguien que cubra tus carencias, y otra muy distinta es estar con alguien que sume a lo que ya eres y que te ayude a crecer. Esto último es un regalo.

Recibir apoyo de alguien y tener dependencia de esa persona son situaciones totalmente distintas. Es vital tener clara la diferencia entre ambas, especialmente si lo que sueles buscar en una pareja es validación. 

Y es que apostar por una relación no tiene nada que ver con sacrificar tu vida por el camino. Si apuestas por alguien es porque realmente crees que tu vida es mejor con esa persona en ella, pero eso no implica en ningún caso perder tu propia voz. Tu vida es tuya, siempre, a pesar de que decidas compaginarla con la vida de otra persona. Si para mantener esa relación tienes que comprometer tu identidad, no sería mala idea replantearte dónde te estás metiendo.

Sin duda, soy muy prudente. Pero a pesar de ello, si alguien «lo vale» no tengo problema alguno en cruzar medio mundo o mover cielo y tierra para estar con esa persona si fuese necesario. En mi caso tengo claro que la incertidumbre sería mucho más insoportable que el tener que superar que algo no saliese como había anticipado. Para recalcular la ruta siempre hay tiempo.

Si finalmente no encajamos, pues cada uno por su lado y a seguir con nuestras respectivas vidas. Pero, ¿y si encajamos, qué? Es que si no lo intentase siempre me quedaría con la duda y de todas las opciones esa me parece la peor de todas, con muchísima diferencia.

Construir en base a percepciones en lugar de expectativas

¿Esto significa que si me enamoro perdidamente me tiraría a la piscina de cabeza con los ojos cerrados? Pues mira, no. Que sí, que el amor está muy bien y todo eso, pero cuando hablamos de construir y de mantener una relación, hacen falta más ingredientes. Yo no soy de esas personas que creen que el amor lo puede todo.

En lo que yo considero el mundo real, puede ocurrir que haya mucho amor, pero que vaya unido a caracteres incompatibles, comodidad, resistencia al cambio, falta de comunicación… Una relación debería fundamentarse en cómo perciben e interpretan el mundo sus integrantes, y ver si casan, en lugar de dedicarse a crear expectativas sobre cómo les gustaría que fuese la otra persona y la relación en sí.

Nuestros valores fundamentales no tienen por qué ser idénticos, pero tienen que encajar de algún modo. Si desde un principio es evidente que no es así, no tiene sentido seguir construyendo nada juntos. Lo que para mí es cuestión de sensatez, para otras personas será ser radical. Diferentes formas de ser, diferentes formas de ver.

Por mucho que el sentimiento y la química estén presentes, si no van unidos a la predisposición de invertir esfuerzo en que la cosa funcione, no me sirve. Nadie permanece inmutable por siempre jamás, por lo que ir reajustando la relación a medida que vamos creciendo como personas es algo básico.

La única manera de descubrir si esa evolución se da o no es con el mismo transcurso del tiempo. Claro que apostar por una persona es un acto de fe, sí, pero basado la observación de la realidad.

Dejarlo todo sabiendo cómo y por qué

Quizás eso implique plantearme cosas que antes no me había planteado. Como dije anteriormente, mientras no renuncie a mi identidad y pueda desarrollar mis objetivos e incluso establecer otros nuevos, no me supone un problema. En la vida hay veces en las que tienes que elegir entre quedarte donde estás o dar un paso al frente sin tener la certeza de que vaya a haber suelo debajo.

Por supuesto, todo esto lo digo desde mi situación: tengo buena salud, tengo un sitio al que puedo volver, no tengo cargas familiares ni económicas y me considero una persona versátil, con las capacidades y habilidades necesarias para adaptarme a lo que se me ponga por delante.

Para quien piense aquello de «ya, para ti es muy fácil decirlo blablabla». No es que sea fácil, sino que hablo desde el punto de vista de mi situación, que es la que tengo. Y es que es deber de cada persona saber cómo es, qué tiene, qué necesita y qué puede hacer en base a sus circunstancias.

Entonces, ¿dejarlo todo por amor es una locura? Si tienes claro por qué y para qué, no creo que lo sea. Si alguien hace tu vida mejor, ¿por qué no hacer lo posible por que siga en ella? Me parece una de las razones más lógicas. E insisto en que no hablo de casos hipotéticos o de lo que podría ser «si cambiase esto o aquello». Hablo de lo que es aquí y ahora, tal como son las personas implicadas y tal como se muestran.

Si tienes la oportunidad de convertir tu experiencia en este mundo en algo excepcional, ¿la verdadera locura no sería renunciar a ello?

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