El momento imperfecto

Cuando buscas la perfección y pretendes que todas las piezas encajen como un puzzle, la probabilidad se vuelve en tu contra. Esperar que coincidan en tiempo y espacio todos los factores que consideras imprescindibles para emprender una acción, introducir algún cambio en tu rutina, iniciar un proyecto, etc., es llamar a gritos a la inmovilidad. Incluso en aquellos casos en los que parezca que lo tienes todo bien atado, la cruda realidad es que no hay ninguna garantía de que el asunto, sea cual sea, no vaya a hacer aguas por algún lado. Por eso, en lugar de esperar al momento idóneo en el que los astros se alinean y el universo te ponga un cartel luminoso que diga “AHORA”, te propongo que hagas tuyo el momento imperfecto.

El momento imperfecto es aquel en el que, a pesar de que no se den todos y cada uno de los requisitos que crees necesitar para hacer algo, decides hacerlo de todos modos con lo que tienes en el presente, aquí y ahora. Lo más curioso es que una vez que das el paso, a pesar de que puede que vayas un poco a ciegas al principio, el camino tiende a construirse «sobre la marcha». Tener la capacidad y la decisión de hacer lo que puedes con lo que tienes te abre todo un mundo de posibilidades, ya que puedes ir adaptando ese camino a las necesidades del momento. Para esperar siempre hay tiempo… Y ese es el problema, que esperando a tener tal cantidad de dinero, a que suba un poco la temperatura, a perder 5 kg o a ver la señal, estás desaprovechando un tiempo muy valioso que podrías estar empleando en algo que te haga sentir realizad@. Hablo de ser capaz de distinguir cuándo los peros que pones para no dar el paso no son impedimentos sino excusas, de mayor o menor relevancia, pero excusas al fin y al cabo, que te están impidiendo optar a un nivel más elevado de felicidad.

Lo cierto es que cuando quieres algo de verdad, pero de verdad de la buena, los posibles obstáculos se vuelven invisibles, ya que pasas a solo tener ojos para tu objetivo. No hablo solo de grandes cambios, del tipo dejarlo todo e irte a recorrer el mundo. Para llegar a ese punto, primero tendrás que reunir el valor para admitir que el camino por el que estás llevando tu vida no te llena lo suficiente. Es una confesión dura, aunque el único testigo seas tú (solemos ser los jueces más implacables para con nosotros mismos), pero hasta que no seas sincer@ y cojas la sartén de tu existencia por el mango, no vas a poder hacer con ella lo que realmente te haga sentir que estás VIVIENDO. Puede que tengas que ir haciéndote concesiones, explorando posibilidades, descubriendo esas pequeñas o grandes cosas que te hacen/harían tener una vida más plena. Lo primordial es que sean cosas que te hagan disfrutar, a ser posible que te apasionen y que, supongan un esfuerzo o no, realmente te merezca la pena invertir tu tiempo en ellas. No son un sustituto de las obligaciones, son un complemento, pero si hay algo que te motive tanto como para hacer de ello tu medio de vida, ¿por qué no?

Tienes la suerte de ser el arquitecto de tu vida y, por muy mala que pueda ser tu situación en su conjunto o en una época determinada, siempre habrá algo que puedas hacer, por insignificante que parezca, para sentirte mejor. Desde acciones tan simples como escuchar música, dar un paseo, aprender un idioma, empezar a pintarte la raya del ojo (nunca subestimes el poder de la raya), incluso concederte 15 minutos de no hacer nada, hasta cosas algo más complejas como hacer un viaje, iniciar/mantener una relación de pareja o reconducir tu carrera profesional. No eres demasiado joven/mayor/pobre/torpe/lo-que-sea ni estás demasiado ocupad@. Eso son excusas, cuando quieres, cuando necesitas hacer algo, buscas la manera… Y la encuentras. Tal vez sea poniendo todo patas arriba, pero la encuentras. Ya lo irás ordenando luego… O no.

Una persona se suele arrepentir bastante más de lo que no hace que de lo que hace. Haz lo que puedas dentro de tus posibilidades o, si puedes, aventúrate fuera de ellas. Da el paso de iniciar aquellos cambios que creas te van a acercar más a ir completando tu proyecto personal. No esperes a que todas las piezas encajen porque tal vez no lo hagan nunca: coge las que tengas y haz una figura diferente con ellas, puede que no sea la que tenías pensado hacer en un principio, pero será solo tuya. Toma el momento imperfecto y moldéalo hasta hacerlo perfecto para ti.

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