No estamos solos en el mundo

Siguiendo en la línea de la entrada “Conocerse, aceptarse, quererse” que escribí hace ya unos cuantos meses, me gustaría volver a recalcar la importancia de hacer el pequeño-gran esfuerzo de conocerse. Es crucial por múltiples razones, pero uno de los principales motivos puede resultar incluso paradójico: no estamos solos en el mundo.

No es solo que seamos animales sociales y estemos obligados a interactuar con otras personas (a no ser que seamos ermitaños, ya que en tal caso nos lo ahorramos), sino que en nuestro entorno también encontramos otros elementos, animados e inanimados. Para que todo transcurra armoniosamente, nuestra relación con todos estos elementos (humanos incluidos) debería ser lo más sencilla posible.

Hoy empiezo por la relación con otros seres humanos. Quienes me conocen bien saben que suelo hacer una interpretación bastante libre de las convenciones sociales. Aquellos que llevan en mi vida más tiempo también saben que he mejorado mucho con los años (sí, así de mal estaba la cosa antes). Esto no significa que haya evolucionado a ojos de todos, pero considero que el balance es positivo. Lo que está fuera de toda duda es que la comunicación es mi punto más débil y soy consciente de que si no hago el esfuerzo de entender de dónde viene el nudo y qué puedo hacer para deshacerlo, seguirá siéndolo.

Podría decir que “yo soy así” o que “la vida me ha hecho así” y quedarme tan ancha, pero esa actitud tan extendida me parecería un poco irresponsable. Todos aspiramos a sentirnos lo mejor que podamos, y si hay algo que esté a nuestro alcance que podamos cambiar para alcanzar o aumentar ese nivel de bienestar, entonces tenemos el deber, más que el derecho, de cambiarlo. Así que en mi caso no tengo ningún problema en admitir que una de las que cosas que me haría sentir mejor sería aprender a comunicarme con otras personas de una manera más natural, sin que la situación me domine y me suponga pasar un mal rato.

No es por el qué dirán, es por lo que digo y pienso yo, y cambiar eso es responsabilidad exclusivamente mía. En este caso concreto, si aprendo a comunicarme mejor, yo gano muchísimo pero, por añadidura, también ganarán las personas con las que tenga que comunicarme, ya que la interacción será más sencilla, más fluida. Cosa que no implica que vayamos a estar de acuerdo, pero ese es otro tema.

P

P.S.: Si alguno de mis amigos/as cercanos/as está leyendo esto (cosa que deberían estar haciendo, desgraciados; si lo están: ¡gracias!), pueden estar tranquilos, que mi esencia no pienso perderla nunca.

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