La vida sacrificada del atleta (II)

La primera parte de esta entrada, La vida sacrificada del atleta (I), la escribí allá en Mayo, recién empezada la temporada de aire libre 2014/2015. Sigo pensando prácticamente lo mismo, a pesar de que la temporada pasada no acabara ni medio bien. Por eso creo que es importante matizar algunas cosas y añadir otras.

En este momento, aún queda más de un mes (¿¡solo!?) para estrenar la temporada de pista cubierta 2015/2016. Al final hice un pacto de no agresión con el atletismo y seguimos juntos un año más, no sin antes haber hecho algunos ajustes en el planteamiento de la relación. Cuando las cosas no funcionan hay que ver cuál es la raíz del problema y analizar qué se puede hacer para buscarle solución.

El principal cambio ha sido dejar el triple salto a un lado. Puse todo lo que tenía en tratar de entendernos, pero era como si habláramos idiomas diferentes, así que lo mejor que pude hacer es dejarlo ir, no era para mí. Estoy orgullosa de haberme dado la oportunidad de intentarlo y también de haber salido de la situación con el cuerpo aún de una pieza, porque en ese aspecto no las tenía todas conmigo. De hecho, esa fue la señal de alarma para alejarme del triple casi sin mirar atrás. Por eso, este año me centraré en el salto de longitud, con muchas ganas y sin ponerme límites, que ya se encargarán ellos de aparecer solos.

En la otra entrada afirmo que no veo el dedicarle una gran parcela de mi vida al deporte como un sacrificio. Y no lo es, en el sentido de que es lo que he elegido hacer y me encanta, con sus altibajos y con todo. De lo que sí me he dado cuenta es de que implicarse en ello supone bastante más que tener buenas intenciones y echarle ganas. Hay algunas cosas que no había querido tener en cuenta y que pueden marcar una gran diferencia a la hora de obtener resultados. Aquí es donde el dinero (o su escasez, más bien) hace su aparición estelar.

Si eres un/a atleta de buen nivel o si le echas cara al asunto aunque seas de nivel estándar, puedes tener la “suerte” conseguir patrocinadores y colaboradores, ya sea para que te proporcionen material deportivo, suplementación, servicios médicos y/o una ayuda económica. Hay atletas que con eso y con el dinero que obtienen a través de becas, subvenciones y premios pueden vivir exclusivamente del deporte. En la teoría, para esto tienes que ser competitivo a nivel internacional, aunque en la práctica hay casos de lo más variopinto. Esto es la pescadilla que se muerde la cola: si tienes facilidades para entrenar y competir bien, si eso es en lo que puedes y debes emplear tu tiempo y energías, se supone que debe repercutir positivamente en tu rendimiento.

Mi caso se aleja bastante de ese: actualmente mi nivel deportivo es estándar, ni fu ni fa, y falté a clase el día que explicaron cómo echarle cara a la vida. Trabajo a media jornada para tener tiempo y fuerzas para entrenar. En la distribución del tiempo he mejorado mucho de un año a esta parte y, afortunadamente, para cubrir gastos básicos de vivienda, alimentación y transporte me llega. Ahora, a partir de aquí se complica la cosa. Respecto al material, bueno, voy saliendo del paso como puedo… Pero si quiero exigirle a mi cuerpo que rinda más y que me responda mejor cada día, he visto (y sobre todo, sentido) que hace falta algo más para mantener engrasada la maquinaria.

La fatiga es la que permite los procesos de adaptación fisiológica en los músculos, de manera que cada vez se les pueda exigir más, pero también es el enemigo nº 1 de la mejora en el rendimiento si uno no se recupera adecuadamente, ya que puede llevar al sobreentrenamiento y a la lesión. Para que la recuperación sea completa la fórmula es sencilla: descanso, nutrición y fisioterapia. Simple es, pero yo suspendo en dos y medio de tres; la única que consigo respetar y de aquella manera es el descanso, porque dormir es gratis.

La conclusión es que no tiene sentido dedicarle esfuerzo al entrenamiento si no se lo dedico también a recuperarme para que dicho entrenamiento sirva de algo. El primer esfuerzo es físico y mental; el segundo, económico. Como ponerme retos me encanta, ya tengo planteado el siguiente, que no es nada menos que encontrar el modo de incorporar en mi vida los componentes de la “fórmula recuperadora” que me faltan, consiguiendo los medios de forma legal y sin que esto influya negativamente en mi rutina diaria de entrenamiento-trabajo-descanso. Crear mi propia suerte: ese es mi sacrificio.

P

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